¿QUE ES UNA MINORIA?
El término minoría es una categorización sociológica dentro de la demografía, que se refiere a un grupo de población humana numéricamente inferior y con ciertas creencias y costumbres en común, que permiten definir y diferenciar a sus miembros entre todos los habitantes de la sociedad o comunidad mayoritaria a la que pertenecen. Parte menor de los individuos que componen una nación, ciudad o comunidad y que puede referir por la raza, lengua, ideología, religión, u orientación sexual e identidad de género, etc.
Las minorías políticas tienden a desaparecer
-El
debate que se ha generado en el mundo político por la posibilidad de que las
minorías políticas desaparezcan por el aumento del umbral en el 2014, puso al
Gobierno y a los propios partidos a buscar una fórmula que evite su
desaparición del escenario electoral.
-Por
eso, el ministro del Interior, Fernando Carrillo, le dijo a EL TIEMPO que se
está construyendo una reforma constitucional que les permita a las minorías
políticas que no alcancen el umbral en el 2014 conservar, por una sola vez, su
personería jurídica.
El
umbral aumentó con la reforma política del 2009, que lo elevó al 2% para las elecciones del 2010 y al 3 % para
lo que obliga a obtener 450.000 votos.
¿Qué
camino queda para salvar a las minorías políticas ante el aumento del umbral?
Las
perspectivas electorales dependerán, en primer término, de la capacidad
organizativa y de convocatoria popular que tengan. El Gobierno, sin embargo, no
quiere dejarlas a la deriva y ha buscado acuerdos para salvarlas de una
eventual desaparición. El Gobierno se jugará a fondo para impedir que el umbral
las saque de la vida política.
¿Es inminente que las minorías
políticas sean golpeadas electoralmente por el aumento del umbral?
Es
un acertijo. Todo depende su capacidad de convocar a la opinión pública y hacer
propuestas audaces que incentiven la participación ciudadana. Ya lo hemos
vivido en el pasado, con la AD-M-19, en 1991, y la Ola Verde, en 2010. Así que
no es imposible que aquí se despierte un nuevo fenómeno político de
participación que supere los miedos que hoy se ciernen sobre las agrupaciones
minoritarias. El mensaje es ser audaces, superar los miedos y convocar a la
opinión pública para sintonizarse con ella. Aquí nada es imposible. Pero
tengamos claro que el aumento del umbral fue una decisión autónoma del
Congreso, adoptada con la muy sana intención de fortalecer la democracia e
incentivar la consolidación de los partidos. No se trata de una decisión de
última hora promovida por el Gobierno. Eso debe quedar claro.
Una
cosa
son los partidos minoritarios que actúan legalmente y conocen de tiempo atrás
las reglas de juego a que están sometidos, y otra, la suerte de las
organizaciones políticas que surjan de los acuerdos de La Habana. Hay mucha
especulación, porque nadie sabe cómo les irá a los partidos minoritarios en el
2014, ni tampoco cuál será el resultado final de los eventuales acuerdos de La
Habana.
De
hecho, y pese a que por petición del Ejecutivo la representante Ángela Robledo
del Partido Verde y el disidente del Polo Luis Carlos Avellaneda presentaron un
proyecto para reglamentar las coaliciones —fórmula contemplada en la reforma
política de 2011 que podía salvarlas—, ni el Gobierno ni la Unidad Nacional —en
especial los liberales y el sector mayoritario de la U— movieron un dedo para
sacarlo adelante, por miedo a una posible coalición de los conservadores con
Uribe y su Centro Democrático. Pero fueron los propios partidos en riesgo —y
sobre todo la oposición del Polo— los que sirvieron en bandeja el argumento que
sirvió de justificación para que el Gobierno y al presidente del Congreso, Juan
Fernando Cristo, se lavaran las manos y tiraran la toalla: la falta de consenso
Carolina Rodriguez Silva 10-2
¿Cuál es la salida?
Se
ha presentado la idea de avanzar en un proyecto de reforma constitucional para
garantizar que quienes no alcancen el umbral conserven, por una sola vez, las
personarías jurídicas y la posibilidad de recuperarse y volver al Congreso. La
intención es garantizar su existencia legal para que puedan reinventarse y
fortalecerse. Nuestra voluntad es que ninguna organización desaparezca de
muerte súbita.
¿Por
qué no se aprovechó la mayoría oficialista para tramitar la ley que podía
salvar a las minorías y que estas pedían?
No
es un tema fácil porque, aunque hay voluntad mayoritaria para hallar salidas de
esta encrucijada, el camino está lleno de obstáculos constitucionales y
legales. Las coaliciones de ese tipo no son posibles hoy y la prohibición de la
doble militancia es un principio para respetar. Por ahora, lo único viable es
conservarles las personerías jurídicas. Lo demás es especulación y generar
falsas expectativas.
¿Qué
decirles a las minorías que afirman que, mientras ellas
corren el
riesgo de desaparecer, las Farc,
si hay acuerdos en Cuba, saldrían mejor libradas políticamente?
Una
cosa
son los partidos minoritarios que actúan legalmente y conocen de tiempo atrás
las reglas de juego a que están sometidos, y otra, la suerte de las
organizaciones políticas que surjan de los acuerdos de La Habana. Hay mucha
especulación, porque nadie sabe cómo les irá a los partidos minoritarios en el
2014, ni tampoco cuál será el resultado final de los eventuales acuerdos de La
Habana.
Ministro,
como mensaje político a las minorías: ¿Existe una posibilidad real de salvarlas
ante el aumento del umbral en los comicios de 2014?
Si fracasan
todos los escenarios legislativos, conservar la personería jurídica seria la
semilla de su salvación. Pero el germen de su supervivencia está en su
capacidad de vivir con imaginación los nuevos tiempos que atraviesa la política
colombiana, hoy marcada por la primavera de la paz que se asoma en el
horizonte. El fin de la guerra no debe dejar que ningún partido descanse en
paz. Todos tendrán que trabajar para reinventar la democracia en medio del
posconflicto. Ese es el reto.
Minorías
políticas: el debate está abierto
María
Elvira Samper
Las
minorías están notificadas: no habrá cambio de las reglas del juego. Así la
cosas, y tal vez con la excepción del Polo, parecen condenados a desaparecer
Cambio Radical, el Mira, los Progresistas, el Partido Verde, el PIN y la ASI,
pues difícilmente podrán superar el umbral del 3% en las próximas elecciones.
No
obstante el discurso sobre la necesidad de que las minorías sobrevivan, el
Gobierno y las mayorías oficialistas en el Congreso estaban realmente
interesados en lanzarles un salvavidas.
De
hecho, y pese a que por petición del Ejecutivo la representante Ángela Robledo
del Partido Verde y el disidente del Polo Luis Carlos Avellaneda presentaron un
proyecto para reglamentar las coaliciones —fórmula contemplada en la reforma
política de 2011 que podía salvarlas—, ni el Gobierno ni la Unidad Nacional —en
especial los liberales y el sector mayoritario de la U— movieron un dedo para
sacarlo adelante, por miedo a una posible coalición de los conservadores con
Uribe y su Centro Democrático. Pero fueron los propios partidos en riesgo —y
sobre todo la oposición del Polo— los que sirvieron en bandeja el argumento que
sirvió de justificación para que el Gobierno y al presidente del Congreso, Juan
Fernando Cristo, se lavaran las manos y tiraran la toalla: la falta de consenso
Minucias y argucias aparte, de no
ser porque las conversaciones de La Habana obligan a mirar la política desde el
hipotético pero no imposible escenario de un acuerdo que podría permitirles a
las Farc
crear un nuevo partido, recibir financiación estatal, tener acceso a los
medios, hacer proselitismo y hasta llegar al Congreso mediante fórmulas de
favorabilidad excepcionales, la discusión sobre la necesidad de salvar a las
minorías políticas en vía de extinción tendría connotaciones diferentes a las
que hoy tiene.
En
la perspectiva de un acuerdo de paz, no tendría presentación alguna que, por no
pasar el umbral, desaparecieran los partidos minoritarios que han jugado con
las reglas de la democracia, mientras que las Farc
ganan espacio gracias a una negociación política y a la generosidad de una
sociedad dispuesta a hacerles grandes concesiones a cambio de su
desmovilización y el fin de la confrontación armada. La paradoja sería que, en
ausencia de fórmulas salvadoras, si las minorías no logran superar el umbral,
su subsistencia acabara por depender de un acuerdo con la guerrilla, que haría
imperativo cambiar las reglas del juego para todos.
Pero en ausencia de un proceso de paz, el
debate sería otro y tendría que partir de preguntas sobre si la muerte de la
mayoría de los partidos minoritarios en realidad significaría la pérdida de representativo de algunos sectores sociales en el Congreso, o si vale la
pena desandar lo andado en la dirección de tener menos partidos pero fuertes y
organizados, en aras de salvar a pequeños grupos organizados al calor de
coyunturas electorales, que hoy naufragan en la incoherencia ideológica y en
medio de las contradicciones e intereses divergentes y personalistas de sus
cúpulas. El caso más patético lo constituye el Partido Verde, que en tres años
pasó del cielo al infierno, de ser la gran promesa de renovación política, a la
gran frustración, convertido en un partiducho sin norte, dividido y contaminado por
las prácticas clientelistas de siempre.
El debate está abierto, pero sólo es parte de uno mucho más amplio sobre la crisis de la política y de los partidos, y de su incapacidad para conectarse con el país real.
El debate está abierto, pero sólo es parte de uno mucho más amplio sobre la crisis de la política y de los partidos, y de su incapacidad para conectarse con el país real.
Integrantes del grupo Maria Jose Alvarez
Valentina Artunduaga
Iris camila Gaona
Carolina Rodriguez Silva 10-2




