sábado, 21 de marzo de 2015

    MINORÍAS POLÍTICAS 

¿QUE ES UNA MINORIA?

El término minoría es una categorización sociológica dentro de la demografía, que se refiere a un grupo de población humana numéricamente inferior y con ciertas creencias y costumbres en común, que permiten definir y diferenciar a sus miembros entre todos los habitantes de la sociedad o comunidad mayoritaria a la que pertenecen. Parte menor de los individuos que componen una nación, ciudad o comunidad y que puede referir por la raza, lengua, ideología, religión, u orientación sexual e identidad de género, etc.


Las minorías políticas tienden a desaparecer



-El debate que se ha generado en el mundo político por la posibilidad de que las minorías políticas desaparezcan por el aumento del umbral en el 2014, puso al Gobierno y a los propios partidos a buscar una fórmula que evite su desaparición del escenario electoral.
-Por eso, el ministro del Interior, Fernando Carrillo, le dijo a EL TIEMPO que se está construyendo una reforma constitucional que les permita a las minorías políticas que no alcancen el umbral en el 2014 conservar, por una sola vez, su personería jurídica.
      El umbral aumentó con la reforma  política del 2009, que lo elevó al 2% para las elecciones del 2010 y al 3 % para
     los comicios del próximo año,
      lo que obliga a obtener                  450.000  votos.












¿Qué camino queda para salvar a las minorías políticas ante el aumento del umbral?
   Las perspectivas electorales dependerán, en primer término, de la capacidad organizativa y de convocatoria popular que tengan. El Gobierno, sin embargo, no quiere dejarlas a la deriva y ha buscado acuerdos para salvarlas de una eventual desaparición. El Gobierno se jugará a fondo para impedir que el umbral las saque de la vida política.


¿Es inminente que las minorías políticas sean golpeadas electoralmente por el aumento del umbral?   
Es un acertijo. Todo depende su capacidad de convocar a la opinión pública y hacer propuestas audaces que incentiven la participación ciudadana. Ya lo hemos vivido en el pasado, con la AD-M-19, en 1991, y la Ola Verde, en 2010. Así que no es imposible que aquí se despierte un nuevo fenómeno político de participación que supere los miedos que hoy se ciernen sobre las agrupaciones minoritarias. El mensaje es ser audaces, superar los miedos y convocar a la opinión pública para sintonizarse con ella. Aquí nada es imposible. Pero tengamos claro que el aumento del umbral fue una decisión autónoma del Congreso, adoptada con la muy sana intención de fortalecer la democracia e incentivar la consolidación de los partidos. No se trata de una decisión de última hora promovida por el Gobierno. Eso debe quedar claro.
¿Cuál es la salida? 
Se ha presentado la idea de avanzar en un proyecto de reforma constitucional para garantizar que quienes no alcancen el umbral conserven, por una sola vez, las personarías jurídicas y la posibilidad de recuperarse y volver al Congreso. La intención es garantizar su existencia legal para que puedan reinventarse y fortalecerse. Nuestra voluntad es que ninguna organización desaparezca de muerte súbita.


¿Por qué no se aprovechó la mayoría oficialista para tramitar la ley que podía salvar a las minorías y que estas pedían?
No es un tema fácil porque, aunque hay voluntad mayoritaria para hallar salidas de esta encrucijada, el camino está lleno de obstáculos constitucionales y legales. Las coaliciones de ese tipo no son posibles hoy y la prohibición de la doble militancia es un principio para respetar. Por ahora, lo único viable es conservarles las personerías jurídicas. Lo demás es especulación y generar falsas expectativas.


¿Qué decirles a las minorías que afirman que, mientras ellas corren el riesgo de desaparecer, las Farc, si hay acuerdos en Cuba, saldrían mejor libradas políticamente?
Una cosa son los partidos minoritarios que actúan legalmente y conocen de tiempo atrás las reglas de juego a que están sometidos, y otra, la suerte de las organizaciones políticas que surjan de los acuerdos de La Habana. Hay mucha especulación, porque nadie sabe cómo les irá a los partidos minoritarios en el 2014, ni tampoco cuál será el resultado final de los eventuales acuerdos de La Habana.
Ministro, como mensaje político a las minorías: ¿Existe una posibilidad real de salvarlas ante el aumento del umbral en los comicios de 2014?

Si fracasan todos los escenarios legislativos, conservar la personería jurídica seria la semilla de su salvación. Pero el germen de su supervivencia está en su capacidad de vivir con imaginación los nuevos tiempos que atraviesa la política colombiana, hoy marcada por la primavera de la paz que se asoma en el horizonte. El fin de la guerra no debe dejar que ningún partido descanse en paz. Todos tendrán que trabajar para reinventar la democracia en medio del posconflicto. Ese es el reto.
Minorías políticas: el debate está abierto
María Elvira Samper

Las minorías están notificadas: no habrá cambio de las reglas del juego. Así la cosas, y tal vez con la excepción del Polo, parecen condenados a desaparecer Cambio Radical, el Mira, los Progresistas, el Partido Verde, el PIN y la ASI, pues difícilmente podrán superar el umbral del 3% en las próximas elecciones.
No obstante el discurso sobre la necesidad de que las minorías sobrevivan, el Gobierno y las mayorías oficialistas en el Congreso estaban realmente interesados en lanzarles un salvavidas.

    De hecho, y pese a que por petición del Ejecutivo la representante Ángela Robledo del Partido Verde y el disidente del Polo Luis Carlos Avellaneda presentaron un proyecto para reglamentar las coaliciones —fórmula contemplada en la reforma política de 2011 que podía salvarlas—, ni el Gobierno ni la Unidad Nacional —en especial los liberales y el sector mayoritario de la U— movieron un dedo para sacarlo adelante, por miedo a una posible coalición de los conservadores con Uribe y su Centro Democrático. Pero fueron los propios partidos en riesgo —y sobre todo la oposición del Polo— los que sirvieron en bandeja el argumento que sirvió de justificación para que el Gobierno y al presidente del Congreso, Juan Fernando Cristo, se lavaran las manos y tiraran la toalla: la falta de consenso

Minucias y argucias aparte, de no ser porque las conversaciones de La Habana obligan a mirar la política desde el hipotético pero no imposible escenario de un acuerdo que podría permitirles a las Farc crear un nuevo partido, recibir financiación estatal, tener acceso a los medios, hacer proselitismo y hasta llegar al Congreso mediante fórmulas de favorabilidad excepcionales, la discusión sobre la necesidad de salvar a las minorías políticas en vía de extinción tendría connotaciones diferentes a las que hoy tiene.
En la perspectiva de un acuerdo de paz, no tendría presentación alguna que, por no pasar el umbral, desaparecieran los partidos minoritarios que han jugado con las reglas de la democracia, mientras que las Farc ganan espacio gracias a una negociación política y a la generosidad de una sociedad dispuesta a hacerles grandes concesiones a cambio de su desmovilización y el fin de la confrontación armada. La paradoja sería que, en ausencia de fórmulas salvadoras, si las minorías no logran superar el umbral, su subsistencia acabara por depender de un acuerdo con la guerrilla, que haría imperativo cambiar las reglas del juego para todos.
Pero en ausencia de un proceso de paz, el debate sería otro y tendría que partir de preguntas sobre si la muerte de la mayoría de los partidos minoritarios en realidad significaría la pérdida de representativo de algunos sectores sociales en el Congreso, o si vale la pena desandar lo andado en la dirección de tener menos partidos pero fuertes y organizados, en aras de salvar a pequeños grupos organizados al calor de coyunturas electorales, que hoy naufragan en la incoherencia ideológica y en medio de las contradicciones e intereses divergentes y personalistas de sus cúpulas. El caso más patético lo constituye el Partido Verde, que en tres años pasó del cielo al infierno, de ser la gran promesa de renovación política, a la gran frustración, convertido en un partiducho sin norte, dividido y contaminado por las prácticas clientelistas de siempre.

El debate está abierto, pero sólo es parte de uno mucho más amplio sobre la crisis de la política y de los partidos, y d
e su incapacidad para conectarse con el país real.



Integrantes del grupo Maria Jose Alvarez 
Valentina Artunduaga 
Iris camila Gaona

Carolina Rodriguez Silva 10-2